ADIÓS PEDRO:

Te marchaste sigilosamente, sin hacer ruido. Silenciosamente para no molestar, o será que no querías darnos el disgusto de que te estabas apagando lentamente como el cigarrillo que se va consumiendo poco a poco, y que tú tanto anhelabas.

No permitiste que te dijera adiós y el 2 de mayo te fuiste como el agua del río que llega al mar; esa que ya no vuelve para atrás. Tú tampoco volverás. Te has ido para siempre.
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